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Bitácora de viaje | Polonia: un lugar que me robó el corazón.

Tres años atrás llegué con el prejuicio de que era una cultura más fría… pero los polacos se robaron mi corazón desde el momento cero.

Bitácora de viaje | Polonia: un lugar que me robó el corazón.

Polonia es uno de los lugares que más me sorprendieron en mi viaje por Europa. Tres años atrás llegué con el prejuicio de que era una cultura más fría… pero los polacos se robaron mi corazón desde el momento cero. 

Son alegres, gritones, expresivos, aman bailar. ¿Sabías que organizan jornadas de 4 horas de baile sin parar? Nunca lo vi en otro país… ¡Están hermosamente locos!

Como ya te dije, este fue mi tercer año visitando este país, pero esta vez la propuesta era diferente: participar de un Summer Dance Camp de tres días. La verdad... no sabía muy bien con qué me iba a encontrar. Solo sabía una cosa: iban a estar Kamila y Sandra. Y eso me alcanzaba para decir que sí.

Ellas fueron de las primeras personas que conocí cuando empecé a viajar dando clases por Europa y me siento profundamente agradecida con ellas por haberme abierto las puertas de su país y haber confiado en mi trabajo. Con el tiempo, dejaron de ser solamente colegas del baile para convertirse en amigas de esas que uno siente cerca, aunque viva al otro lado del mundo. 

La verdad es que nuestro idioma no ayuda demasiado. Ellas hablan polaco. Yo hablo español. Entre todas nos arreglamos con un inglés bastante básico que alcanza para entendernos. Con los años, yo ya incorporé algunas palabras en polaco que me sacan una sonrisa cada vez que las digo (y a ellas también). 

Pero, siendo sincera, casi nunca hacen falta demasiadas palabras. El baile se ocupa de todo.

Durante esos tres días compartimos, junto a un grupo de 40 mujeres polacas y 2 hombres, clases de ritmos, de bachata, charlas, comidas, risas, música y muchísimos momentos que difícilmente entren en una foto o en un video. También hubo tiempo para jugar. 


Sandra y Kamila me dieron la posibilidad de compartir por segunda vez en mi vida un WORKSHOP DE TANGO.  Sus caras emocionados con ese pedacito de Argentina que les llevé me las guardo para siempre en mi memoria. 

Y, por supuesto, no podía dejar pasar la oportunidad de enseñarles a Sandra Y Kamila un RKT bien argentino. 

Me sigue sorprendiendo cómo la danza tiene esa capacidad de borrar las diferencias. 

No importa el idioma.

No importa el lugar donde nacimos.

No importa cuántos kilómetros haya entre nuestras casas.

Cuando empieza la música, todos sentimos lo mismo.

Cada viaje me confirma que el verdadero regalo nunca es solamente enseñar. Es la gente que aparece en el camino. Las amistades que nacen casi sin darse cuenta. Los abrazos que quedan pendientes hasta el próximo encuentro. Y esa sensación tan linda de sentirse en casa incluso estando tan lejos.

Pienso en la Euge de hace algunos años y me cuesta creer todo lo que pasó desde entonces… El coraje de animarme, las horas de trabajo, las dudas, los desafíos. Y, al mismo tiempo, todas las personas maravillosas que fui encontrando gracias a haber dicho "sí" una vez más.

Estoy segura de algo. La Euge de muchos años en el futuro va a volver a estos recuerdos con una sonrisa enorme. Va a recordar cada viaje, cada clase, cada abrazo y cada decisión valiente que la trajo hasta acá. Y eso, para mí, vale muchísimo más que cualquier destino.

Como me gusta decir siempre: qué importante es tener la valentía de ir a tocar esas puertas que uno quiere que se abran.

Cuando sientas miedo pregúntate “¿Qué es lo peor que puede pasar?”. Si la respuesta es que te digan que NO…eso te devuelve al lugar donde estás hoy… entonces, ¿qué estas esperando para ir a tocar esas puertas?

Gracias por llegar hasta acá. Hasta la próxima aventura.


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