Hace siete años llegué por primera vez. Todo era nuevo: las calles, los edificios, la comida, la energía, las personas, las oportunidades. Yo era distinta. Hoy, mientras escribo estas líneas me doy cuenta de cuánto cambió todo en todo este tiempo (y cuánto crecí yo!).
Volver no fue simplemente repetir una experiencia. Nunca se siente igual volver a un lugar donde ya di una clase. Cada vez que vuelvo a Madrid significa reencontrarme con personas que ya son amigas, abrazar colegas que solo veo una vez al año- pero son encuentros tan reales e intensos que se siente como si fuera más- y comprobar que más allá de nuestra cultura, todos estamos unidos por lo mismo: la pasión por bailar y las ganas de compartirlo con otros.30 de Mayo de 2026 tuvo lugar mi quinta clase en Madrid en estos últimos años. Y decirlo todavía me emociona… porque la Euge que llegó a esta ciudad en 2019 no podía ni soñar con esta realidad.
En este año tuve la oportunidad de estar en un evento organizado por Elena, una persona que me ha apoyado desde mis primeros viajes a España y sin duda, nos debíamos compartir esta clase. Nos conocimos unos años atrás gracias a Zumba, el método de baile y entrenamiento del cual yo fui parte durante 11 años.
Hoy vuelvo habiendo desarrollado mi propio método, Dance Flow®️, y eso al contrario de separarnos nos une más… porque es un vínculo atravesado por el respeto mutuo, el apoyo y la autenticidad
En esta oportunidad tuve la alegría de compartir Dance Flow®️ con casi 100 personas que llegaron desde distintos puntos de Madrid y otras ciudades de España. Entre ellas había alumnos, pero también instructores queridos con ganas de compartir esa tarde.
Esta clase significó un antes y un después para mí porque fue el primer año que me atreví a brindar una clase de Dance Flow®️ en otro país… y fue muy emocionante.
Dance Flow®️no busca que todos bailen igual; busca que cada persona encuentre su propia manera de habitar la música.
Que se anime a jugar.
Que conecte con el otro.
Que se libere por un rato de todo lo demás.
Que vuelva a sentir la fuerza de una ronda, de una tribu, de compartir un momento donde nadie necesita demostrar nada.
Mientras veía a todos moverse, sonreír y encontrarse en esa energía colectiva, jugando un ratito a ser niños, pensaba que eso es exactamente lo que soñé cuando empecé a crear este método. Verlo suceder, a 12000km de casa, es uno de esos regalos que el baile me sigue haciendo.
Todavía quedan muchas páginas por escribir en esta aventura. El viaje continúa y seguramente aparezcan nuevas historias, nuevas personas y nuevos aprendizajes… y probablemente vengan cosas que ni puedo imaginar (como le pasó a esa Euge del 2019).
Hoy estoy escribiendo desde Escocia…pero quería dejar registrado este momento y sobre todo compartirlo… porque refleja algo en lo que creo profundamente: no importa lo que te espere en la vida… si lo enfrentás con amor, con paciencia, con perserverancia… seguramente te sorprenda y devuelva ese amor multiplicado.Continuará…
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